
El Verano. Ese momento para liberar tensiones, para descansar, para vivir un poco, para los chiringuitos y los pimientos fritos... ¿y la política? ¿dónde entra en esto?.
La conversación del padre, sentado en la silla, y el hijo, sobre la toalla pero compartiendo la sombra,ya no tiene como tercer invitado al País o la Razón; ahora el único testigo es el AS o el MARCA. Ya no se habla de terrorismo ni separatismos, todo lo que importa es Henry o Kaká.
Y ahora miremos la tele. ¿Dónde esta el pesaito de Zapatero y el crispador Rajoy?, respuesta: de vacaciones. Pero, si es así... ¡el país se hunde sin políticos!. ¡Señor Bush, venga a rescatarnos!... Espera.... si todo funciona a las mil maravillas. ¡Qué bien!.
¡Qué tranquilidad!. Sin presiones mediáticas, sin tener que estar atentos a todo, sin peleas en conversaciones yendo a trabajar... ¿No sería maravilloso?, un mundo sin peleas a hacer sangre, sin debates que parecen más interrogatorios, sin miedo.... Un mundo tranquilo, que sin saber bien como, FUNCIONA.
No es esto un alegato contra la política ( hay que trabajarla para recibir frutos estivales). Es un salmo de alabanza al verano. Es un canto que va más allá de las barbacoas y campings, más allá de la playa y la montaña. Ha nacido un nuevo rasgo definitorio para el verano: dícese del momento del año en el que la democracia da sus frutos. Frutos de tranquilidad, de paz, de respeto, de yo disfruto con lo mío que éste ya disfrutará con lo suyo, de igualdad (véase que la gente de dinero veranea en el mismo sitio que cualquiera de Delphi -parado, desgraciadamente- que viva en la costa), y de todas las cosas buenas de la democracia.
Pues nada a disfrutar sin telediario. Lo único que te interesa está tumbad@ a tu lado, en la playa, en la piscina.....
