lunes, 30 de julio de 2007

Política y verano


El Verano. Ese momento para liberar tensiones, para descansar, para vivir un poco, para los chiringuitos y los pimientos fritos... ¿y la política? ¿dónde entra en esto?.
La conversación del padre, sentado en la silla, y el hijo, sobre la toalla pero compartiendo la sombra,ya no tiene como tercer invitado al País o la Razón; ahora el único testigo es el AS o el MARCA. Ya no se habla de terrorismo ni separatismos, todo lo que importa es Henry o Kaká.
Y ahora miremos la tele. ¿Dónde esta el pesaito de Zapatero y el crispador Rajoy?, respuesta: de vacaciones. Pero, si es así... ¡el país se hunde sin políticos!. ¡Señor Bush, venga a rescatarnos!... Espera.... si todo funciona a las mil maravillas. ¡Qué bien!.
¡Qué tranquilidad!. Sin presiones mediáticas, sin tener que estar atentos a todo, sin peleas en conversaciones yendo a trabajar... ¿No sería maravilloso?, un mundo sin peleas a hacer sangre, sin debates que parecen más interrogatorios, sin miedo.... Un mundo tranquilo, que sin saber bien como, FUNCIONA.
No es esto un alegato contra la política ( hay que trabajarla para recibir frutos estivales). Es un salmo de alabanza al verano. Es un canto que va más allá de las barbacoas y campings, más allá de la playa y la montaña. Ha nacido un nuevo rasgo definitorio para el verano: dícese del momento del año en el que la democracia da sus frutos. Frutos de tranquilidad, de paz, de respeto, de yo disfruto con lo mío que éste ya disfrutará con lo suyo, de igualdad (véase que la gente de dinero veranea en el mismo sitio que cualquiera de Delphi -parado, desgraciadamente- que viva en la costa), y de todas las cosas buenas de la democracia.

Pues nada a disfrutar sin telediario. Lo único que te interesa está tumbad@ a tu lado, en la playa, en la piscina.....

domingo, 15 de julio de 2007

Sobre esa sensación


Saben ustedes esa sensación... esa que te recorre el cuerpo desde los pies para salirte por la boca en forma de suspiro... esa que llaman cosquilleo, gusanillo, escalofrío... Ahora pregúntense, ¿cuánto dura eso?. A veces demasiado. Otras muy poco.
Esta sensación, como buena forma de energía, no desaparece, se transforma. Me explico. Hay veces que se convierte en responsabilidad y compromiso; otras en parte de tí mismo, hasta el punto de ver que los años pasan pero no pesan; a veces se convierte en agobio; otras muchas en odio.
¿Cuál es mejor?. Evidentemente cada uno tendra sus preferencias, pero esa sensación se ha convertido para mí en parte de mí, en un compromiso de compartir, y en unos maravillosos brotes (casi diarios) de eso que llaman cosquilleo, gusanillo, escalofrío, y que nos quieren hacer creer que desaparece por completo unos dos meses después. ¡¡Y se atreven a dar explicaciones científicas!!.
Señores esta sensación ha sido llamada amor, estar enamorado. Que no les hagan creer que es mentira, que no existe o que es inalcanzable: yo lo conozo. Y se que muchos lo conocen como yo, en cada uno en proceso de convertirse en una cosa diferente, pero lo conocemos.
Lo siento mucho por los escépticos que no creen lo que estoy diciendo o que me vean como un soñador. A ellos sólo se les puede decir: Pobres desgraciados.
Existe. Just do it (simplemente hazlo).